Sabido es que en España no quedan empresarios. Se arruinaron todos, víctimas de la competencia desleal de sinvergüenzas, ventajista y facinerosos. Adictos a las prebendas, favores y nacionalizaciones interesadas de amigotes politicastros. Cuando no de la explotación del trabajo esclavo de chinos, españoles y de todas las nacionalidades.
Pretendía ese impresentable imponer el despido libre. Señor presidente con esa gente no se puede hablar, está acostumbrada a imponerse por la fuerza del látigo. Hay que pagarles con su misma medicina, inspecciones financieras y laborales. Y requisa de todas las empresas conseguidas por nacionalizaciones poco claras. Despido libre, si, pero contra ellos.
También aprovecho para elogiar a los sindicatos por sus buen hacer para sus afiliados, o sea, los funcionarios. Los únicos trabajadores que tienen libertad de sindicación en España. Así es como han mantenido su poder adquisitivo, aunque sea chocante que un funcionario cobre el doble que un trabajador de su misma categoría de la empresa privada. Esto no es culpa del funcionario desde luego, sino muestra de la degradación del mercado libre del trabajo.

