Todo empezó con la caída del Imperio Romano, ese salvaje intento de unificación de toda la humanidad bajo una misma civilización basada en la ley y el Estado de Derecho. Algo que ahora sabemos es incompatible con la naturaleza humana. El cristianismo fue el principal causa de ese desmoronamiento, aunque a su pesar, pues otras religiones ya olvidadas, Mitra, Serapis...etc, ya habían comenzado su labor de zapa.
Esas dos fuerzas que desgarran la mente y el espíritu humano tienen su translación al mundo de la política. Durante la Edad Media enfrentaron al Papa y al Emperador, las guerras entre güelfos y gibelinos, que no condujeron a nada. Pero el testigo de la lucha fue cogido por la casa de Francia contra la casa de Austria. El conflicto estallo en España con motivo de la Guerra de Sucesión.
En está lucha por el poder del espíritu de Europa, y por extensión de la humanidad.
Francia que estaba alineada del bando de la irracionalidad y la superstición a traves de la casa de los Borbones, descendientes directos de los merovingios, o lo que es lo mismo de Jesucristo y María Magdalena se enfrento al Sacro Imperio que había devenido en el sucesor del antiguo Imperio Romano y por lo tanto el representante de la racionalidad y la ley.
Ganó Francia, aunque de poco le valio, ya había nacido Descartes y había comenzado la corrosión de las antiguas creencias que estallarón en la Revolución Francesa. Tras Napoleón este espíritu diabólico de la irracionalidad paso a Alemanía, culminando con Hitler.
Actualmente, a nivel planetario, mente y espiritu han traslado su lucha al conflicto entre occidente y el Islam. Pero la guerra continua en el corazón de cada hombre y mujer, y a nivel local también en la España de las autonomías.
Para mí el problema viene de la tendencia de la humanidad a formar parte de lugares, de razas, de religión, de estilo de vestir, en formar parte de algún grupo con el que identificarnos, a mi entender, una falta notable de identidad humana. El cerebro humano es nuestra propio carcelero.
ResponderEliminar