Vierenes, 14 de agosto.
Son las dos no podemos dormir y estamos demasiado cansados para unirnos a la fiesta. Así que propongo a Bea una etapa nocturna, hasta el siguiente pueblo Ilche, a 7 kilometros, poco mas de hora y media. Para no perdernos en la oscuridad cojeríamos la carretera, a estas horas desierta.
Emprendemos la marcha en la que sería la etapa mas espectacular que hicieramos. Todo esta oscuro en una noche sin Luna, excepto el universo infinito. El cielo esta tachonado de cientos de miles de estrellas, se ve la Via Lactea y cada pocos minutos aparece una estrella fugaz. Son las Perseidas, las famosas lagrimas de San Lorenzo que aparecen por estas fechas.
Con todo, no se si por mirar al cielo, Bea se cae y nos da un susto, por suerte no le paso nada. Pero pongo en duda que haya sido una buena idea lo de la etapa nocturna.
A la hora prevista llegamos a Ilche, es noche cerrada y no se ve a nadie por las calles. Encontramos la cancela de la iglesia abierta, y en ese zaguán nos acomodamos a dormir. Lo que hacemos hasta la hora en que sale el sol. Hambrientos y con ganas de un café, reanudamos la marcha.
Nos ha ido tan bien por la carretea que decidimos seguir por ella, en vez de por el camino marcado.
Craso error al poco comienza a haber bastante tráfico y no podemos volver al camino original. Bea espera encontrar una gasolinera o algún bar para poder desayunar, pero no hay nada y tenemos que hacernos un cafe soluble en agua fria.
A tres kilometros encontramos un enlaze con el Camino marcado, y no dudamos en librarnos del tráfico. Nos las prometemos felices de seguir los restos de una calzada romana, de la que no queda nada. Todo sea dicho, y que mas adelante se hace intransitable a causa de la vegetación,
tal es así que a la vista del pueblo, emprendemos la ruta a campo traves para cojer la carretera que sube hasta el pueblo de Berbegal, sito en lo alto de un alto, muy alto promontorio. Cuesta subir la cuesta. Pero lo conseguimos despues de resoplar y descansar varias veces.
Llegamos al bar Meridiano, centro neuralgico del pueblo.
Llamado así porque por ahí pasa el meridiano de Greenwich. Desde allí contactamos con Manu, el encargado del albergue, de la piscina y todo lo relacionado con el turismo.
El albergue es genial, y dispone de todo. Hasta lavadora que funciona. Lo que aprovechamos para lavar toda la ropa sucia y la mal lavada en etapas anteriores.
Manu también nos pasa comida que han ido dejando peregrinos anteriores. Hay suficiente para comer y cenar.
Tras el aseo salimos a comprar unos cuantos ingredientes que nos faltan, entre ellos un pan que fabrican allí en el pueblo y que se llama "dos moños" aunque parece dos tetas, muy rico. Bea prepara unos macarrones de rechupete. A mi me toca fregar los platos y la cocina.
Tras la siesta, salimos a visitar el pueblo que es muy bonito y tiene unas vistas extraordinarias.
También dispone de varias rutas senderistas, pero con lo que llevamos encima, no vamos a andar mas. El pueblo intenta explotar el nuevo turismo rural. Junto al mismo albergue está la casa rural que se alquila a los turistas.
De vuelta al albergue, Bea cocina unas tortillas con un jamón serrano buenisimo y medio melón que compramos. Estamos en ello, cuando llega Manu con dos nuevos peregrinos, en Marc y el José, dos ciclistas de Sabadell. Tras la cena salimos al bar Meridiano, para dejarles que se acomoden tranquilamente y se hagan la cena. Les dejamos la mitad del melón y unos helados que no nos vamos a comer.
A la vuelta, todavía están comiendo. Nosotros preparamos la mochila para poder salir sin hacer el menor ruido posible. A las 11 estamos todos en la cama. Yo dormí fatal....como siempre.
domingo, 30 de agosto de 2015
8º jornada. de Monzón a Selgua
Jueves, 13 de agosto.
Los 13 están gafados, y este no podría ser menos. Para este día habiamos previsto, una visita turistica en Monzón y un breve paseo por la tarde hasta Selgua, donde un hostal nos esperaba para reponer fuerzas para etapas posteriores.
Me despierto a las 3. Pero consigo volver a dormirme hasta las 7. Al poco se despierta Bea y bajamos al bar del hostal a desayunar. Tenemos la habitación hasta las 12, así que salimos de compras dejando las mochilas en la misma. Necesito urgentemente calzoncillos nuevos, tipo boxer. Nadie me dijo que llevar slips de excursión es predisponerse a la tragedia a causa de las rozaduras. Ahora nada de baraturas, 3 calzoncillos 24 euros. Estaban de oferta, los había a 24 euros cada uno. También compro aloe vera, para las rozaduras y los pies. Intento comprar un antibiótico para la garganta, pero ya no los venden sin receta. Bea compra unas gafas de leer de cerca. Mas el agua y las provisiones para esta tarde.
Volvemos a la pensión a montar la mochila que nos guardarán abajo mientras visitamos Monzón.
Vamos al ayuntamiento, a la oficina de turismo, para recojer un mapa de los sitios interesante y de paso preguntar por el albergue. Pues resulta insolito que una ciudad como Monzón no disponga de uno, estando donde está y teniendo su famoso castillo que la convierte en una atracción túristica de primer orden. En turismo no hay nadie, pero una chica del ayuntamiento nos remite al castillo donde tiene toda clase de información.
La subida es empinada, pero a estas alturas, estamos curtidos. En la entrada preguntamos si hay descuentos para peregrinos, nasty de plactic, pero nos ponen un sello en las credenciales con el simbolo templario que mola un montón. Dos caballeros en el mismo caballo. El castillo está muy bien conservado, acaso la exposición es muy somera, pero para una visita rápida no se puede pedir mas.
Yo pondría algunos figurantes disfrazados de templarios y que hicieran de guias. Para profundizar en el mundo templario ya hay biblitocas enteras.
Monzón es uno de los enclaves historicos mas importantes de España y quizás de occidente. Allí se forjó el malogrado imperio catalán, el que iba ser el renacimiento de Imperio Romano y la cultura clasica y ha acabado en las miserias de Artur Mas y las rapiñas de Jordi Pujol.
Deambulamos por la ciudad hasta la hora de comer. La iglesia, que es la otra joya arquitectonica de Monzón, está cerrada. Como siempre.
Y volvemos al hosta a comer. Pagamos, recojemos las mochilas y vamos en busca de un parque donde dormir un poco mientras pasan los calores del mediodia.
Paramos en el cesped del parque Labordeta, Bea se echa una buena siesta, pero yo no puedo estar tranquilo, el parque esta lleno de unos pequeños bichitos, que si bien no pican, son muy molestos.
Sobre las 5 y media de la tarde nos ponemos en marcha hacia Selgua, poco mas de 7 kilometros.
La salida de Monzón es penosa, por la carretea nacional 240, y encima hay que cruzar un largo, alto y precario puente sobre el rio Cinca. Que asusta mucho a Bea, pues padece de vertigo. Despues todo transcurre por parajes singulares. Hay una zona de pinos, donde intentamos parar pero una plaga de mosquitos se nos echa encima. Despues cruzamos una zona industrial ¿me pregunto que fabricaran ahí? y por último un camino rural llano y sin piedras entre olivos y torres de alta tensión sin cables, pero cuajadas de nidos de cigüeñas. Seguramente por eso no las han retirado.
Al llegar a Selgua, sorpresa, están de fiestas, y como es natural el hostal está lleno y reservado. Los nativos de Selgua aprovechan las fiestas para volver al pueblo. Sin saber que hacer, decidimos parar de todo modos en Selgua y aprovechar la recomendación de un paisano de dormir debajo de los soportales del ayuntamiento.
Así que establecemos nuestro cuartel general en el bar del centro social, donde nos comemos sendos bocadillos. En este bar hay ordenadores con internet gratis, desde donde consigo enviar un mensaje al Facebook, aunque no fotografias, pues no tiene ranura para tarjetas SD. Justo esa noche la cámara se ha estropeado del todo y acabo tirandola a la papelera.
Al poco nos dicen que por motivos de las fiestas se esta regalando a todos los participantes y plato con longaniza y patatas. Y alla que nos apuntamos, aunque sin hambre pues acabamos de comer, pero pesabamos guardarla para despues. Al traerla al bar, la mia se cae al suelo y tengo que tirarla.
Ya mas tarde, nos acomodamos debajo de los arcos del ayuntamiento, pero es imposible dormir. La gente no deja de pasar y mirarnos. Y encima al poco pasa la charanga con todo el tromperio. La musica se oye bastante desde donde estamos y apenas conseguimos dormir un par de horas. A la 1 nos cansamos de intentarlo, y como el bar está abierto, volvemos al mismo.
Los 13 están gafados, y este no podría ser menos. Para este día habiamos previsto, una visita turistica en Monzón y un breve paseo por la tarde hasta Selgua, donde un hostal nos esperaba para reponer fuerzas para etapas posteriores.
Me despierto a las 3. Pero consigo volver a dormirme hasta las 7. Al poco se despierta Bea y bajamos al bar del hostal a desayunar. Tenemos la habitación hasta las 12, así que salimos de compras dejando las mochilas en la misma. Necesito urgentemente calzoncillos nuevos, tipo boxer. Nadie me dijo que llevar slips de excursión es predisponerse a la tragedia a causa de las rozaduras. Ahora nada de baraturas, 3 calzoncillos 24 euros. Estaban de oferta, los había a 24 euros cada uno. También compro aloe vera, para las rozaduras y los pies. Intento comprar un antibiótico para la garganta, pero ya no los venden sin receta. Bea compra unas gafas de leer de cerca. Mas el agua y las provisiones para esta tarde.
Volvemos a la pensión a montar la mochila que nos guardarán abajo mientras visitamos Monzón.
Vamos al ayuntamiento, a la oficina de turismo, para recojer un mapa de los sitios interesante y de paso preguntar por el albergue. Pues resulta insolito que una ciudad como Monzón no disponga de uno, estando donde está y teniendo su famoso castillo que la convierte en una atracción túristica de primer orden. En turismo no hay nadie, pero una chica del ayuntamiento nos remite al castillo donde tiene toda clase de información.
La subida es empinada, pero a estas alturas, estamos curtidos. En la entrada preguntamos si hay descuentos para peregrinos, nasty de plactic, pero nos ponen un sello en las credenciales con el simbolo templario que mola un montón. Dos caballeros en el mismo caballo. El castillo está muy bien conservado, acaso la exposición es muy somera, pero para una visita rápida no se puede pedir mas.
Yo pondría algunos figurantes disfrazados de templarios y que hicieran de guias. Para profundizar en el mundo templario ya hay biblitocas enteras.
Monzón es uno de los enclaves historicos mas importantes de España y quizás de occidente. Allí se forjó el malogrado imperio catalán, el que iba ser el renacimiento de Imperio Romano y la cultura clasica y ha acabado en las miserias de Artur Mas y las rapiñas de Jordi Pujol.
Deambulamos por la ciudad hasta la hora de comer. La iglesia, que es la otra joya arquitectonica de Monzón, está cerrada. Como siempre.
Y volvemos al hosta a comer. Pagamos, recojemos las mochilas y vamos en busca de un parque donde dormir un poco mientras pasan los calores del mediodia.
Paramos en el cesped del parque Labordeta, Bea se echa una buena siesta, pero yo no puedo estar tranquilo, el parque esta lleno de unos pequeños bichitos, que si bien no pican, son muy molestos.
Sobre las 5 y media de la tarde nos ponemos en marcha hacia Selgua, poco mas de 7 kilometros.
La salida de Monzón es penosa, por la carretea nacional 240, y encima hay que cruzar un largo, alto y precario puente sobre el rio Cinca. Que asusta mucho a Bea, pues padece de vertigo. Despues todo transcurre por parajes singulares. Hay una zona de pinos, donde intentamos parar pero una plaga de mosquitos se nos echa encima. Despues cruzamos una zona industrial ¿me pregunto que fabricaran ahí? y por último un camino rural llano y sin piedras entre olivos y torres de alta tensión sin cables, pero cuajadas de nidos de cigüeñas. Seguramente por eso no las han retirado.
Al llegar a Selgua, sorpresa, están de fiestas, y como es natural el hostal está lleno y reservado. Los nativos de Selgua aprovechan las fiestas para volver al pueblo. Sin saber que hacer, decidimos parar de todo modos en Selgua y aprovechar la recomendación de un paisano de dormir debajo de los soportales del ayuntamiento.
Así que establecemos nuestro cuartel general en el bar del centro social, donde nos comemos sendos bocadillos. En este bar hay ordenadores con internet gratis, desde donde consigo enviar un mensaje al Facebook, aunque no fotografias, pues no tiene ranura para tarjetas SD. Justo esa noche la cámara se ha estropeado del todo y acabo tirandola a la papelera.
Al poco nos dicen que por motivos de las fiestas se esta regalando a todos los participantes y plato con longaniza y patatas. Y alla que nos apuntamos, aunque sin hambre pues acabamos de comer, pero pesabamos guardarla para despues. Al traerla al bar, la mia se cae al suelo y tengo que tirarla.
Ya mas tarde, nos acomodamos debajo de los arcos del ayuntamiento, pero es imposible dormir. La gente no deja de pasar y mirarnos. Y encima al poco pasa la charanga con todo el tromperio. La musica se oye bastante desde donde estamos y apenas conseguimos dormir un par de horas. A la 1 nos cansamos de intentarlo, y como el bar está abierto, volvemos al mismo.
sábado, 29 de agosto de 2015
7ªjornada. De Tamarit a Monzón
Miércoles, 12 de agosto.
Me levanto sobre las 6. Bea duerme, pero a las 7 empieza a entrar sol por la ventana y también se despierta. Salimos a las 7:30, gracias que comprobamos que la puerta estaba cerrada antes de dejar la llave en el buzón. También dejamos un donativo de 5 €.
Desayunamos en el Scar e iniciamos la ascensión de Tamarit, pues el camino continua desde la parte alta. Nos espera nuestra primera etapa de mas de 20 kms.Tras descansar de la escalada, reemprendemos la marcha por un tramo de carretera. Bea otra vez por el medio de la calzada. Por suerte pronto llegan los caminos rurales.
A diferencia de Cataluña, que suelen ser de gravilla y hasta asfaltados, en Aragón prefieren los cantos rodados, muchas veces autenticos pedruscos. Imprescidibles unas suelas duras para estas etapas aragonesas.
Hoy el sol aprieta inclemente, tenemos que parar a menudo si no queremos cocernos. Una de las veces paramos debajo de un nogal, se está de maravilla. ¡Ojalá nos hubieramos quedado allí!
pero continuamos nuestro penoso periplo. Al mediodia es imposible seguir, así que al avistar un pequeño chaparral, esto es un bosquecillo de encinas, decidimos pasar lo que queda de solana.
Al principio parece muy buena idea, pero con los carrascos hay unas pequeñas plantas que pinchan y acabo acribillado. Montamos la tienda a la sombra, pero es inservible, incluso a la sombra dentro hace un calor insoportable. Además las plantas pinchagudas la atraviesan por el suelo. Se constata que lo de la tienda es un error, decidimos abandonarla.
Tras comer, nos tumbamos en las colchonetas a dormir. Yo duermo una media hora, pero Bea parece que inverna. Me entretengo escuchando la radio y leyendo el libro que compré en Tárrega. En una pausa se me ocurre que se podría aprovechar el plastico de la tienda y la desgarro. Resulta una estupidez ¿para que me ha de servir un trozo de plastico negro?. Con todo la tienda ha quedado destrozada.
Sobre las 4 y media se despierta Bea, y recojiendo todo, reemprendemos la marcha, aunque el sol no ha amainado en absoluto. De sombra en sombra y tiro por que me toca. Para colmo tenemos poca agua, hemos gastado demasiada al comer, pues el pan estaba muy duro. Queda poca y caliente, tenemos que racionarla.
Avistamos un taller en un cruce de carretera, les pedimos agua. Pero tampoco tienen mucha, y como hemos tirado la caliente para que nos llenen la cantimplora, nos quedamos con la misma, aunque fresca. En esta parte lugares apartados el agua del grifo no se puede beber, es la misma que usan para el riego.
Hay varias casas, pero o están abandonadas o con perros, por lo que no nos atrevemos a pedir agua. En una de nuestras paradas a la sombra, se nos acerca una furgoneta, viena a comprobar que no somos ladrones, que tanto abundan hoy en día en los campos españoles. Se llevan de todo, desde los frutos, hasta las cañerias y desde luego las bombas de agua y los paneles solares. Le pedimos agua, y amablemente va a buscarla a una casa cercana. Nos trae toda una botella de agua fresca.
Continuamos con mas buen animo. A los pocos kilometros nos encontramos un pequeño arroyo que baja por el camino, seguimos el rastro del agua, se trata de un escape de un ribazo en un campo de maiz.
Aprovechamos para refrescarnos, nos echamos agua encima y mojamos los gorros y nos ponemos las camisetas mojadas. Aparece el campesino a reparar la rotura, hablamos con él de algunas anecdotas del camino, de como ha llevado a veces a algún peregrino en el coche.
Continuamos la marcha hasta un gran canal, esta vez el Cataluña-Aragón. Estos canales son autenticos rios, pero sus aguas circulan muy rapidas entre paredes de hormigón. Si te caes ahí sería difícil salir. Al poco pasa una furgoneta, y un señor para para ofrecernos agua. Lo que aceptamos encantados.
Justo antes de empezar el Camino, estaba leyendo (todavía no lo he acabado) el libro El Secreto, que habla de la posibilidad de que el universo al ser un pensamiento que depende de un observador con infinitas posibilidades cuánticas, puede ser manipulado, conjurado, para que se ponga de nuestra parte con solo desearlo. Es desear una cosa y las infinitas posibilidades que existen se pueden poner de nuestra parte, o también un pensamiento negativo puede causarnos un gran mal. Casos como este del agua, parece dar a la razón a la autora del libro y documental (podeis encontrarlo en Youtube).
Una última parada para tomar una aspirina, me empieza a doler la cabeza a causa del sol, también tengo molestias en la gargante, temo haber cojido una infección. Me doy otra dosis de vaselina en los pies.
Al poco vemos el castillo de Monzón a lo lejos, justo al atardecer para poder una magnifica foto de puesta del sol tras sus murallas. Esto nos anima en nuestra cansada marcha.
Nos adentramos en Monzón cuando ya es de noche, preguntando por el ayuntamiento, unos nos mandan para arriba y otros para abajo. Parece que en realidad no nos entendían y pensaban que unos turistas solo pueden preguntar por el castillo. Por fin unos niños nos encarrilan en la dirección correcta. Son muy preguntones, pero les respondemos con paciencia y amabilidad a fin de crear vocaciones camineras.
El ayuntamiento está cerrado, pero entrando en la policia local nos informan de que no habiendo albergue, sin embargo hay varias pensiones y hoteles. Dos cerca de la estación. A donde nos dirigimos.
Conseguimos una habitación en el hostal Venecia, 38 euros, aunque luego nos cobraron 35.
Tras dejar las cosas bajamos a comer. Hacemos amistad con el camarero, el Pablo. La gente es muy amable con los peregrinos....en general.
Estamos supercansados, así que tras la cena nos retiramos a dormir. Nada mas levantarme de la mesa, noto un dolor horrible entre las ingles, los calzoncillos que compre en los chinos me han provocado una rozadura tremenda. Nuestra intención es permanecer en Monzon, toda la mañana del día siguiente. Para hacer compras, visitar la ciudad y sobre todo el famoso castillo.
Me levanto sobre las 6. Bea duerme, pero a las 7 empieza a entrar sol por la ventana y también se despierta. Salimos a las 7:30, gracias que comprobamos que la puerta estaba cerrada antes de dejar la llave en el buzón. También dejamos un donativo de 5 €.
Desayunamos en el Scar e iniciamos la ascensión de Tamarit, pues el camino continua desde la parte alta. Nos espera nuestra primera etapa de mas de 20 kms.Tras descansar de la escalada, reemprendemos la marcha por un tramo de carretera. Bea otra vez por el medio de la calzada. Por suerte pronto llegan los caminos rurales.
A diferencia de Cataluña, que suelen ser de gravilla y hasta asfaltados, en Aragón prefieren los cantos rodados, muchas veces autenticos pedruscos. Imprescidibles unas suelas duras para estas etapas aragonesas.
pero continuamos nuestro penoso periplo. Al mediodia es imposible seguir, así que al avistar un pequeño chaparral, esto es un bosquecillo de encinas, decidimos pasar lo que queda de solana.
Al principio parece muy buena idea, pero con los carrascos hay unas pequeñas plantas que pinchan y acabo acribillado. Montamos la tienda a la sombra, pero es inservible, incluso a la sombra dentro hace un calor insoportable. Además las plantas pinchagudas la atraviesan por el suelo. Se constata que lo de la tienda es un error, decidimos abandonarla.
Tras comer, nos tumbamos en las colchonetas a dormir. Yo duermo una media hora, pero Bea parece que inverna. Me entretengo escuchando la radio y leyendo el libro que compré en Tárrega. En una pausa se me ocurre que se podría aprovechar el plastico de la tienda y la desgarro. Resulta una estupidez ¿para que me ha de servir un trozo de plastico negro?. Con todo la tienda ha quedado destrozada.
Sobre las 4 y media se despierta Bea, y recojiendo todo, reemprendemos la marcha, aunque el sol no ha amainado en absoluto. De sombra en sombra y tiro por que me toca. Para colmo tenemos poca agua, hemos gastado demasiada al comer, pues el pan estaba muy duro. Queda poca y caliente, tenemos que racionarla.
Avistamos un taller en un cruce de carretera, les pedimos agua. Pero tampoco tienen mucha, y como hemos tirado la caliente para que nos llenen la cantimplora, nos quedamos con la misma, aunque fresca. En esta parte lugares apartados el agua del grifo no se puede beber, es la misma que usan para el riego.
Hay varias casas, pero o están abandonadas o con perros, por lo que no nos atrevemos a pedir agua. En una de nuestras paradas a la sombra, se nos acerca una furgoneta, viena a comprobar que no somos ladrones, que tanto abundan hoy en día en los campos españoles. Se llevan de todo, desde los frutos, hasta las cañerias y desde luego las bombas de agua y los paneles solares. Le pedimos agua, y amablemente va a buscarla a una casa cercana. Nos trae toda una botella de agua fresca.
Continuamos con mas buen animo. A los pocos kilometros nos encontramos un pequeño arroyo que baja por el camino, seguimos el rastro del agua, se trata de un escape de un ribazo en un campo de maiz.
Aprovechamos para refrescarnos, nos echamos agua encima y mojamos los gorros y nos ponemos las camisetas mojadas. Aparece el campesino a reparar la rotura, hablamos con él de algunas anecdotas del camino, de como ha llevado a veces a algún peregrino en el coche.
Continuamos la marcha hasta un gran canal, esta vez el Cataluña-Aragón. Estos canales son autenticos rios, pero sus aguas circulan muy rapidas entre paredes de hormigón. Si te caes ahí sería difícil salir. Al poco pasa una furgoneta, y un señor para para ofrecernos agua. Lo que aceptamos encantados.
Justo antes de empezar el Camino, estaba leyendo (todavía no lo he acabado) el libro El Secreto, que habla de la posibilidad de que el universo al ser un pensamiento que depende de un observador con infinitas posibilidades cuánticas, puede ser manipulado, conjurado, para que se ponga de nuestra parte con solo desearlo. Es desear una cosa y las infinitas posibilidades que existen se pueden poner de nuestra parte, o también un pensamiento negativo puede causarnos un gran mal. Casos como este del agua, parece dar a la razón a la autora del libro y documental (podeis encontrarlo en Youtube).
Una última parada para tomar una aspirina, me empieza a doler la cabeza a causa del sol, también tengo molestias en la gargante, temo haber cojido una infección. Me doy otra dosis de vaselina en los pies.
Al poco vemos el castillo de Monzón a lo lejos, justo al atardecer para poder una magnifica foto de puesta del sol tras sus murallas. Esto nos anima en nuestra cansada marcha.
Nos adentramos en Monzón cuando ya es de noche, preguntando por el ayuntamiento, unos nos mandan para arriba y otros para abajo. Parece que en realidad no nos entendían y pensaban que unos turistas solo pueden preguntar por el castillo. Por fin unos niños nos encarrilan en la dirección correcta. Son muy preguntones, pero les respondemos con paciencia y amabilidad a fin de crear vocaciones camineras.
El ayuntamiento está cerrado, pero entrando en la policia local nos informan de que no habiendo albergue, sin embargo hay varias pensiones y hoteles. Dos cerca de la estación. A donde nos dirigimos.
Conseguimos una habitación en el hostal Venecia, 38 euros, aunque luego nos cobraron 35.
Tras dejar las cosas bajamos a comer. Hacemos amistad con el camarero, el Pablo. La gente es muy amable con los peregrinos....en general.
Estamos supercansados, así que tras la cena nos retiramos a dormir. Nada mas levantarme de la mesa, noto un dolor horrible entre las ingles, los calzoncillos que compre en los chinos me han provocado una rozadura tremenda. Nuestra intención es permanecer en Monzon, toda la mañana del día siguiente. Para hacer compras, visitar la ciudad y sobre todo el famoso castillo.
6ª jornada. De Alfarras a Tamarit
Martes, 11 de agosto.
Sobre las 7 salimos de la pensión, en busca de un bar para desayunar. Encontramos uno recien abierto en la plaza. La dueña es de Finisterre y nos habla un poco de su tierra. No tiene pastas, pero si un pastel de manzana casero al que nos apuntamos. Craso error, pues no sale un poco caro. El desayuno para dos, 6 €. Eso si, el pastel estaba muy bueno.
Comenzamos el viaje a Tamarit de la Litera, unos 15 kilómetros. Entraremos en tierras aragonesas, eso de la Litera es una comarca.
El viaje comienza con kilometro y medio por la carretera de Tamarit. Tengo que regañar varias a veces a Bea, pues tiene la peligrosa costumbre de caminar por el centro de la calzada, en vez de pegado a la izquierda. Soy el responsable de la expedición, jejeje.
Pronto entramos en caminos rurales para mi tranquilidad. Vamos acompañados de campos de cereales, ya segados, maizales y frutales. Jalonados por algunas granjas de cerdos que dan ese peculiar olor a los campos de Cataluña.
Cada hora vamos parando. Ya en la primera sufro los efectos de mi insomnio y me echo una siesta de hasta 15 minutos. Tanto madrugar para nada. A estas alturas veo que duermo mejor en el campo que en los albergues.
Cruzamos la frontera entre Cataluña y España.
Pasamos por una gran casona con un gran parque (vallado) y un lago al lado (abierto). Hay una pareja de excursionistas descansando, no los importunamos. Nosotros también paramos junto al lago un poco mas allá.
Al poco llegamos a la ermita de Sant Roc donde paramos para almorzar de nuestras viandas.
Sobre la una llegamos a Tamarit. Y nos dirigimos al ayuntamiento que gestiona el albergue.
Unas escuelas abandonadas, donde además está habilitada una mezquita y una asociación de amigos del Scalestrix, entre otras. El albergue está muy bien, tiene muchas plazas, tres habitaciones.
Tras la ducha nos vamos a comer. Comemos muy bien en restaurante Scarp, cerca del albergue. Después de la comida me entra el bajón del mal dormir y me echo una gran siesta.
Por la tarde salimos ha visitar el pueblo y hacer compras. Tamarit es sobre todo su gran plaza y una pequeña rambla. Tiene una parte alta desde donde se puede contemplar todo el pueblo, y un casco antiguo bastante deteriorado.
Una gran iglesia (cerrada), y algunas casonas de estilo aragones. Esto es de ladrillo de obra vista. El ayuntamiento está construido así, pero es una técnica de construcción que desgraciadamente no está generalizada, desluciendo el conjunto.
Pasamos la tarde en una terraza viendo al paisanaje. Y al anochecer volvemos al albergue a cenar, hablar, jugar a los dados e intentar dormir. Otra de las asociaciones es una banda de rock, que nos da la murga hasta mas allá de las 12. Con todo a Bea le asusta un poco la vieja escuela, por fuera tiene un aspecto siniestro y el que este en las afueras no ayuda mucho. A lo mejor siente presencias.
Sobre las 7 salimos de la pensión, en busca de un bar para desayunar. Encontramos uno recien abierto en la plaza. La dueña es de Finisterre y nos habla un poco de su tierra. No tiene pastas, pero si un pastel de manzana casero al que nos apuntamos. Craso error, pues no sale un poco caro. El desayuno para dos, 6 €. Eso si, el pastel estaba muy bueno.
Comenzamos el viaje a Tamarit de la Litera, unos 15 kilómetros. Entraremos en tierras aragonesas, eso de la Litera es una comarca.
El viaje comienza con kilometro y medio por la carretera de Tamarit. Tengo que regañar varias a veces a Bea, pues tiene la peligrosa costumbre de caminar por el centro de la calzada, en vez de pegado a la izquierda. Soy el responsable de la expedición, jejeje.
Pronto entramos en caminos rurales para mi tranquilidad. Vamos acompañados de campos de cereales, ya segados, maizales y frutales. Jalonados por algunas granjas de cerdos que dan ese peculiar olor a los campos de Cataluña.
Cada hora vamos parando. Ya en la primera sufro los efectos de mi insomnio y me echo una siesta de hasta 15 minutos. Tanto madrugar para nada. A estas alturas veo que duermo mejor en el campo que en los albergues.
Cruzamos la frontera entre Cataluña y España.
Pasamos por una gran casona con un gran parque (vallado) y un lago al lado (abierto). Hay una pareja de excursionistas descansando, no los importunamos. Nosotros también paramos junto al lago un poco mas allá.
Al poco llegamos a la ermita de Sant Roc donde paramos para almorzar de nuestras viandas.
Sobre la una llegamos a Tamarit. Y nos dirigimos al ayuntamiento que gestiona el albergue.
Unas escuelas abandonadas, donde además está habilitada una mezquita y una asociación de amigos del Scalestrix, entre otras. El albergue está muy bien, tiene muchas plazas, tres habitaciones.
Tras la ducha nos vamos a comer. Comemos muy bien en restaurante Scarp, cerca del albergue. Después de la comida me entra el bajón del mal dormir y me echo una gran siesta.
Por la tarde salimos ha visitar el pueblo y hacer compras. Tamarit es sobre todo su gran plaza y una pequeña rambla. Tiene una parte alta desde donde se puede contemplar todo el pueblo, y un casco antiguo bastante deteriorado.
Una gran iglesia (cerrada), y algunas casonas de estilo aragones. Esto es de ladrillo de obra vista. El ayuntamiento está construido así, pero es una técnica de construcción que desgraciadamente no está generalizada, desluciendo el conjunto.
Pasamos la tarde en una terraza viendo al paisanaje. Y al anochecer volvemos al albergue a cenar, hablar, jugar a los dados e intentar dormir. Otra de las asociaciones es una banda de rock, que nos da la murga hasta mas allá de las 12. Con todo a Bea le asusta un poco la vieja escuela, por fuera tiene un aspecto siniestro y el que este en las afueras no ayuda mucho. A lo mejor siente presencias.
viernes, 28 de agosto de 2015
5ª jornada. De Alguerri a Alfarras
Lunes 10 de agosto.
Me despierto a las 7. Bea al poco. Desayunamos y nos preparamos para la salida. La ropa no se ha secado del todo. Dejamos la llave en el buzón del hogar del jubilado, y Bea se da cuenta que se ha dejado el bastón. Por suerte ya hay una persona dentro y amablemente nos vuelve a abrir el albergue.
Tomamos otro café en el bar de anoche y nos adentramos en el Camino. La etapa de hoy es un paseo, solo 8 kilólometros. Al principio hay un tramo de carretera de unos 200 metros, pero pronto deriva a un camino de tierra.
Nada mas verme en la solitud y tranquilidad del campo, entre unos olivos, alivio mi problema de extreñimiento.
Cerca de Alfarras, paramos a descansar y a tender la ropa mojada en un campo de peras. Paramos mas de una hora, duermo un poco. Pero la ropa no se ha secado del todo. El algodón cuesta de secarse. Nota para otra ocasión.
El camino continua al lado de un gran canal, durante varios kilometros, hasta llegar a una carretera. Las flechas indican que hay que seguir por la misma, pero una de las guias dice que se puede seguir junto al canal, libre de los coches. Nos arriesgamos, aunque no hay ninguna flecha amarilla. Mas adelante le preguntamos a una persona si vamos bien, lo que nos confirman.
Efectivamente, pronto detras de una escombrera se ve la ermita, y abajo el rio Noguera-Ribagorzana, a los pies del Alfarras. El último pueblo de Cataluña.
Hay dos puentes para entrar en el pueblo, uno es la carretera sin arcen, y el otro un puente romano al que han añadido un pasarela. Me cuesta convencer a Bea, que padece de vertigo, de que es mas seguro utilizar el puente peatonal que el de los coches.
Nada mas cruzar el puente, oimos una explosión y sentimos el aire de una onda explosiva, pareciera una bomba. Pero ha sido la rueda de un camión que ha explotado a 30 mentros de nosotros. Menudo susto.
Paramos en el primer bar que encontramos, donde tomamos los consabidos cafe con leche, Bea, y limonada yo. Preguntamos al tabernero por un posible albergue o pensión. Y nos dice que no hay nada hasta Tamarit. Extrañado pues en la guía señala que hay un hostal en la Av Cataluña, preguntamos a un grupo de mujeres. Y resulta que la pensión Florida esta a 50 metros.
La pensión nos cuesta 32 €, aunque al final nos rebajo a 30. Tras dejar las cosas salimos a comprar, pero las tiendas están cerradas, excepto los bazares chinos, que sorprendentemente para un pueblo tan pequeño, hay un montón. Yo al menos conte 4. Compre unos calzoncillos y unas zapatillas tipo Fran Cuesta, pues las que compré en Balaguer me van grandes.
Volvemos a la pensión, yo me quedo a comer, Bea dice que no tiene hambre y sube a la habitación. La comida es sabrosisima. La cocinera una mujer de mas de 70 años y madre de los dueños es una maravilla. Me como una ensadilla rusa y unas albondigas de rechupete.
Una vez en la habitación Bea me dice que no se ha quedado a comer porque prefiere comer cosas compradas y bocadillos, pues está preocupada por el ritmo de gasto. Yo le digo que es un error, que es preferible comer bien y si acaso acortar los días de ruta. Me parece que logro convencerla, pero los acontecimientos posteriores nos impuesieron un regimen de comidas inesperados. Pues practicamente no hay restaurantes en los pueblos de Aragón.
Por la tarde salimos a comprar, bastante comida. Nos pasamos un poco, pues era mucho peso. Y tras dejar la compra salimos a visitar el pueblo. Hay poco que ver, el rio, un molino viejo
y una iglesia románica mal reconstruida...y cerrada. No vaya a ser que los turistas pretendan entrar a verla. Paramos en una terraza, justo al lado están las mujeres a las preguntamos donde estaba la pensión esa mañana. Nos hablan que hay una plaga de mosquitos. Adios a dormir con la ventana abierta.
Esa noche duermo muy mal, me despierto a las 12, el ruido del ventilador me molesta. Me vuelvo a dormir a las 3, pero a las 5 vuelvo a estar desvelado. A las 6 se despierta Bea y aprovecho para convencerla para salir cuanto antes. No esta muy convencida pues sigue teniendo sueño. Creo que esta un poco enfadada conmigo por este madrugón, pero tiene buen caracter y enseguida se le pasa.
Me despierto a las 7. Bea al poco. Desayunamos y nos preparamos para la salida. La ropa no se ha secado del todo. Dejamos la llave en el buzón del hogar del jubilado, y Bea se da cuenta que se ha dejado el bastón. Por suerte ya hay una persona dentro y amablemente nos vuelve a abrir el albergue.
Tomamos otro café en el bar de anoche y nos adentramos en el Camino. La etapa de hoy es un paseo, solo 8 kilólometros. Al principio hay un tramo de carretera de unos 200 metros, pero pronto deriva a un camino de tierra.
Nada mas verme en la solitud y tranquilidad del campo, entre unos olivos, alivio mi problema de extreñimiento.
Cerca de Alfarras, paramos a descansar y a tender la ropa mojada en un campo de peras. Paramos mas de una hora, duermo un poco. Pero la ropa no se ha secado del todo. El algodón cuesta de secarse. Nota para otra ocasión.
El camino continua al lado de un gran canal, durante varios kilometros, hasta llegar a una carretera. Las flechas indican que hay que seguir por la misma, pero una de las guias dice que se puede seguir junto al canal, libre de los coches. Nos arriesgamos, aunque no hay ninguna flecha amarilla. Mas adelante le preguntamos a una persona si vamos bien, lo que nos confirman.
Efectivamente, pronto detras de una escombrera se ve la ermita, y abajo el rio Noguera-Ribagorzana, a los pies del Alfarras. El último pueblo de Cataluña.
Hay dos puentes para entrar en el pueblo, uno es la carretera sin arcen, y el otro un puente romano al que han añadido un pasarela. Me cuesta convencer a Bea, que padece de vertigo, de que es mas seguro utilizar el puente peatonal que el de los coches.
Nada mas cruzar el puente, oimos una explosión y sentimos el aire de una onda explosiva, pareciera una bomba. Pero ha sido la rueda de un camión que ha explotado a 30 mentros de nosotros. Menudo susto.
Paramos en el primer bar que encontramos, donde tomamos los consabidos cafe con leche, Bea, y limonada yo. Preguntamos al tabernero por un posible albergue o pensión. Y nos dice que no hay nada hasta Tamarit. Extrañado pues en la guía señala que hay un hostal en la Av Cataluña, preguntamos a un grupo de mujeres. Y resulta que la pensión Florida esta a 50 metros.
La pensión nos cuesta 32 €, aunque al final nos rebajo a 30. Tras dejar las cosas salimos a comprar, pero las tiendas están cerradas, excepto los bazares chinos, que sorprendentemente para un pueblo tan pequeño, hay un montón. Yo al menos conte 4. Compre unos calzoncillos y unas zapatillas tipo Fran Cuesta, pues las que compré en Balaguer me van grandes.
Volvemos a la pensión, yo me quedo a comer, Bea dice que no tiene hambre y sube a la habitación. La comida es sabrosisima. La cocinera una mujer de mas de 70 años y madre de los dueños es una maravilla. Me como una ensadilla rusa y unas albondigas de rechupete.
Una vez en la habitación Bea me dice que no se ha quedado a comer porque prefiere comer cosas compradas y bocadillos, pues está preocupada por el ritmo de gasto. Yo le digo que es un error, que es preferible comer bien y si acaso acortar los días de ruta. Me parece que logro convencerla, pero los acontecimientos posteriores nos impuesieron un regimen de comidas inesperados. Pues practicamente no hay restaurantes en los pueblos de Aragón.
Por la tarde salimos a comprar, bastante comida. Nos pasamos un poco, pues era mucho peso. Y tras dejar la compra salimos a visitar el pueblo. Hay poco que ver, el rio, un molino viejo
y una iglesia románica mal reconstruida...y cerrada. No vaya a ser que los turistas pretendan entrar a verla. Paramos en una terraza, justo al lado están las mujeres a las preguntamos donde estaba la pensión esa mañana. Nos hablan que hay una plaga de mosquitos. Adios a dormir con la ventana abierta.
Esa noche duermo muy mal, me despierto a las 12, el ruido del ventilador me molesta. Me vuelvo a dormir a las 3, pero a las 5 vuelvo a estar desvelado. A las 6 se despierta Bea y aprovecho para convencerla para salir cuanto antes. No esta muy convencida pues sigue teniendo sueño. Creo que esta un poco enfadada conmigo por este madrugón, pero tiene buen caracter y enseguida se le pasa.
4ª jornada. De Balaguer a Alguerri
Domingo 9 de agosto.
Me desperte cerca de las 6. He desayunado en el piso de arriba, donde está la cocina-comedor. Al poco se desperto Daria, que rapidamente ha salido con su bicicleta. Le esperan dos etapas antes de llegar a Barcelona. En Igualada tomará el tren, quiere saltarse la subida del Bruc. Le recomiendo que vaya por la rivera del rio Llobregat en vez de por carretera. Vuelvo al desayunar, y me tumbo en la cama a la espera que despierte Bea. Me quedo dormido.
Por fin se despierta Bea y lo organizamos todo para salir, nos aplicamos la vaselina en los pies y montamos las mochilas. En la plaza Mercadal vuelvo a desayunar y departimos con los lugareños.
Todo seguido atacamos la cuesta que principia el Camino de salida de Berdaguer. El camino discurre por una pista de gravilla recien arreglada. A traves de campos abiertos.
Hace un dia esplendido, soleado con algunas nubes algodonosas y la mañana es fresquita. Nos esperán unos 16 kms hasta Alguerri.
Nos plantamos en Castello de Farfanya casi sin sentir. El pequeño pueblo al pie de una colina coronada por una impresionante iglesia.
A la entrada preguntamos a unos lugareños por un bar o restaurante donde comer algo. Y nos remiten al bar Lo Centro. Un local pintoresco y acojedor donde no hacen comidas. Pero nos ofrecen un plato de espaguetis que ellos mismos se ve que van a comer. Yo rapidamente me apunto, vea solo pide un bocadillo de lomo. Yo además de los espaguetis pido un bocadillo de tortilla, como segundo. Aunque al final la mujer se equivoca y me trae también uno de lomo. Me conformo, no es cuestión de tirar la comida.
Después de comer y en busca de un lugar donde echar una siesta subimos a lo alto de la iglesia a traves de una cuesta muy empinada y un poco peligrosa. No hay sombras al lado de la iglesia, bastante abandonada. Asi que al final nos tumbamos debajo de unos pinos.
Yo duermo cerca de una hora, pero Bea dice que no durmio nada porque tenía frio.
Bajamos al pueblo con la intención de tomar café en el otro bar del pueblo y pasar el resto de la calurosa tarde. Pero está cerrado por lo que emprendemos el camino de Alguerrí.
El camino discurre con la sierra Larga a la derecha y una explanada sin fin a la izquierda, un horizonte sin limites.
Todo va bien hasta que en un error fatal cojemos la dirección equivocada y adamos casí un kilometro antes de darnos cuenta que vamos hacía este, en vez de noroeste. Por una vez la brujula sirvio de algo. Desandamos lo andado. Por suerte es una senda entre las sombras de los arboles. Tal vez por eso nos equivocamos, era el camino ideal.
Llegamos a Alguerri cerca de las 9 y tras preguntar llegamos al hogar de jubilados San Blas, que gestiona el albergue, un piso anexo. Llegamos justo a tiempo, pues a las 9 cierran.
Los viejos son muy amables y nos da todo tipo de facilidades, indicandonos el bar-restaurante donde podemos comer. Al lado de la carretera. Lo que hacemos todo seguido antes de que nos cierren.
Bea pide un plato combinado con una enorme sepia. Yo por fin me puedo comer un bocadillo de tortilla, que se me antojaba desde ayer.
Volviendo al albergue, el ritual de siempre, deshacer la mochila, ducha, fricción de pies con alcohol de romero, lavado de ropa y a dormir.
Me desperte cerca de las 6. He desayunado en el piso de arriba, donde está la cocina-comedor. Al poco se desperto Daria, que rapidamente ha salido con su bicicleta. Le esperan dos etapas antes de llegar a Barcelona. En Igualada tomará el tren, quiere saltarse la subida del Bruc. Le recomiendo que vaya por la rivera del rio Llobregat en vez de por carretera. Vuelvo al desayunar, y me tumbo en la cama a la espera que despierte Bea. Me quedo dormido.
Por fin se despierta Bea y lo organizamos todo para salir, nos aplicamos la vaselina en los pies y montamos las mochilas. En la plaza Mercadal vuelvo a desayunar y departimos con los lugareños.
Todo seguido atacamos la cuesta que principia el Camino de salida de Berdaguer. El camino discurre por una pista de gravilla recien arreglada. A traves de campos abiertos.
Hace un dia esplendido, soleado con algunas nubes algodonosas y la mañana es fresquita. Nos esperán unos 16 kms hasta Alguerri.
Nos plantamos en Castello de Farfanya casi sin sentir. El pequeño pueblo al pie de una colina coronada por una impresionante iglesia.
A la entrada preguntamos a unos lugareños por un bar o restaurante donde comer algo. Y nos remiten al bar Lo Centro. Un local pintoresco y acojedor donde no hacen comidas. Pero nos ofrecen un plato de espaguetis que ellos mismos se ve que van a comer. Yo rapidamente me apunto, vea solo pide un bocadillo de lomo. Yo además de los espaguetis pido un bocadillo de tortilla, como segundo. Aunque al final la mujer se equivoca y me trae también uno de lomo. Me conformo, no es cuestión de tirar la comida.
Después de comer y en busca de un lugar donde echar una siesta subimos a lo alto de la iglesia a traves de una cuesta muy empinada y un poco peligrosa. No hay sombras al lado de la iglesia, bastante abandonada. Asi que al final nos tumbamos debajo de unos pinos.
Yo duermo cerca de una hora, pero Bea dice que no durmio nada porque tenía frio.
Bajamos al pueblo con la intención de tomar café en el otro bar del pueblo y pasar el resto de la calurosa tarde. Pero está cerrado por lo que emprendemos el camino de Alguerrí.
El camino discurre con la sierra Larga a la derecha y una explanada sin fin a la izquierda, un horizonte sin limites.
Todo va bien hasta que en un error fatal cojemos la dirección equivocada y adamos casí un kilometro antes de darnos cuenta que vamos hacía este, en vez de noroeste. Por una vez la brujula sirvio de algo. Desandamos lo andado. Por suerte es una senda entre las sombras de los arboles. Tal vez por eso nos equivocamos, era el camino ideal.
Llegamos a Alguerri cerca de las 9 y tras preguntar llegamos al hogar de jubilados San Blas, que gestiona el albergue, un piso anexo. Llegamos justo a tiempo, pues a las 9 cierran.
Los viejos son muy amables y nos da todo tipo de facilidades, indicandonos el bar-restaurante donde podemos comer. Al lado de la carretera. Lo que hacemos todo seguido antes de que nos cierren.
Bea pide un plato combinado con una enorme sepia. Yo por fin me puedo comer un bocadillo de tortilla, que se me antojaba desde ayer.
Volviendo al albergue, el ritual de siempre, deshacer la mochila, ducha, fricción de pies con alcohol de romero, lavado de ropa y a dormir.
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