
Ante estos hechos nos viene a la memoria la novela de Umberto Eco, "El nombre de la rosa", cuyo argumento todos recordamos y que no desvelaré aquí para no fastidiar a algún lector despistado que todavía no la haya leido.
La elección del tema de la novela demuestra la genialidad de Umberto Eco al adelantarse a la problemática que podría causar el humor al irrumpir en el ambito de lo sagrado, también llamado escatológico, con su curiosa doble acepción en las lenguas occidentales. El Islam no tiene sentido del humor, al contrario de sus primas hermanas el judaismo, que siempre lo tuvo, y el catolicismo que lo ha adquirido recientemente.
Y el islam parece que tampoco tiene ni idea de semiología a la vista de sus comportamientos. Se precisaría una traducción y distribución inmediata de la novela de Umberto Eco al árabe, aunque mejor sería una adaptación de la misma. Donde el monasterio se transformara en una mezquita, el libro perdido una aleya ocultada y el protagonista un taliban descreido.
Reivindico el premio Nobel para Umberto Eco, si es que no se lo han dado ya.