A fuerza de escribir mal del Rey, me he vuelto monárquico. Ahora con esta nueva chaqueta, considero la corona como el menos malo de los sistemas políticos, e insto a los países que no tenga rey que se afanen en la restauración de tan insigne institución.
La monarquía es una institución obsoleta e irracional, pero ¡ay!, la naturaleza humana es absurda e irracional, y un rey es lo que siempre mejor ha funcionado, hasta que las fuerzas oligarcas se conjuran para su destitución y repartirse los reinos, engañando al pueblo con una falsa democracia.
Los políticos demócratas suelen estar de paso, y con honrosas excepciones, aprovechan su poltrona ocasional para medrar y parasitar al máximo. Un político honrado raramente dura mucho en el cargo, pues la visicitudes del cargo y oposición sistemática le obligan a dimitir decorosamente.
El rey por definición no puede dimitir, y tampoco suele ser muy ladrón, dado que todo es suyo no se va a robar a si mismo. Los peligros de la monarquía son sus allegados mas directos que suelen cometer toda clase de tropelías, pero un monarca prudente, como nuestro Juan Carlos, lo suele parar a tiempo, como ha hecho con su yernos Indurgairin que empezaba a salirse de madre. No cabe duda que esto no ha sido así siempre, y ciertas sombras oscuras ha quedad atrás, como Colón de Carvajal, Mario Conde o De La Rosa. El Rey también ha aprendido con los años.
El principal fallo de la monarquía es su carácter de no elegibilidad, cosa que podría subsanarse, en la persona del Príncipe de Asturias, que si debería de ser votado. También tendría que haber una ley de inhabilitación y otra de jubilación para el Rey. Un monarca envejecido puede ser un problema, aunque uno nunca sabe cuando le puede llegar la decrepitud, unos con 50 u otros con 90.
Nuestro Rey por ejemplo, se está haciendo viejo en una época de vital importancia para el futuro de la nación. Hay quien dice que estamos a las puertas de una segunda transición y el tiempo corre en su contra, dado que el Príncipe Felipe todavía no tiene el prestigio de su padre para las complicaciones que se nos vienen encima con los esfuerzos secesionistas del País Vasco y Cataluña. El Rey debería de forzar la reforma del Titulo VIII de la Constitución y avanzar hacía un estado federal que dure por lo menos otros 50 años y calme un pocos los ánimos independentistas.