A nadie se le escapa que esta es una sociedad con fuertes problemas de salud mental. Todos conocemos a alguien que no rige muy bien, pero es que problemas sicológicos y mentales afectan, yo diría que al 100x100 de la población.
Todos sufrimos algún tipo de distorsión que no impide ver la realidad tal como es. Es un problema de mera incapacidad del cerebro para computar todos los parámetros que configuran un mundo complejo y cambiante. La mayoría de nosotros mal que bien lo sobrellevamos de aquella manera.
Pero la locura en sus mas diversas manifestaciones, sicóticas, neuróticas o paranóicas está mas extendida que los problemas de visión o dentales, por citar dos ejemplos que casi afecta a toda la población. Sin embargo el esfuerzo sanitario no va a la par que el problema. Comparese la amplia red médica e industrial dedicada a la visión, en clínicas y óptica, con la exigua por no decir nula actividades siquiátricas y sicológicas que solo aparecen cuando hay una gran catástrofe.
Siendo el día a día la verdadera gran catástrofe, porque toda esta enfermedad mental, individualmente puede que no afecte al desarrollo social, pero colectivamente está acabando con nosotros. No solo porque también afecta a personas de mucho poder sino por las sinergias que se mueven alrededor de toda sociedad enferma, que necesarimente han de ser equivocadas.