
Vestidos con camisetas de fantasía y bermudas como si fueran niños malgastan la poca o mucha vida que les queda perdiendo el tiempo.
Y de criticar toda la mañana, a comer y a la siesta, y por la tarde, !ala¡, al hogar del pesionista a jugar a cartas o a petanca. Aunque peor son los que se van a hacer ejercicio, como aquí en el Prat, que el camino que lleva a la playa ya lo llaman la senda del colesterol. Por la cantidad de veteranos que pretenden engañar a la muerte caminando un poquito.
Y los fines de semana de juerga y botellón en una ancianidad inconsciente e irresponsable.

Tampoco se pierden una, vengan viajar, llenar teatros y espectáculos. Claro con la generosa pensión que les pagamos entre todos los pringaos.
Estos tipos que han disfrutado de una época privilegiada. La posguerra mundial. Trabajo fijo y con derechos reconocidos. Viviendas asequibles y estabilidad política y económica, aunque fuera bajo la amenaza de la guerra fría. Sin contar con la liberación de las costumbres fruto de las revoluciones del mayo del 68. Disfrutando de la vida a tope, y ahora en su senectud a seguir chupando del bote. Han vivido a costa de sus padres y ahora lo hacen a costa de sus hijos.
Mientras tanto, el mundo se hunde por su culpa, por su desidia, por su mal hacer, por vendidos, por crápulas, por sinvergüenzas.
¡Cabrones! Si no queréis trabajar, por lo menos hacer algo útil por los demás que la sociedad ya os ha dado todo.