Desde que leí un reportaje en La Vanguardia de que existe en Francia una comarca, refugio para todos los que padecen enfermedades alérgicas producidas por productos químicos, donde está prohibido todo material o sustancia que no sean naturales, incluso la electricidad. Me anhelo por visitar dicha zona. Como poseedor de esos molestos síntomas, que si bien no me impiden una vida normal, me son a veces molestos. Si alguien conoce el nombre de la susodicha región, ruego me informe y me ahorro de buscarla por internet.
Efectivamente amigos, la tecnología nos agrede. Y no solo en forma de sustancias químicas y tóxicos presentes en todo nuestros ambientes desde el aire hasta la comida. También la electricidad y la electrónica llenan el aire de nocivas ondas electromagnéticas. Móbiles, wi-fis, televisiones, arradios, microondas. Hasta el reloj que llevamos en machaca el ADN de nuestras células cutáneas de la muñeca.
El rey de este horror es el coche, que a su agresiva mecánica suma una pequeña central petroquímica y cada vez mas gadgets electrónicos invasivos.
El hombre soporta todo esto con estoicismo, pues evolutivamente estamos preparados para lidiar con una naturaleza hostil, salvaje. Depredadores, enfermedades macrobióticas y virales e incluso tóxicos presentes en plantas y algunos animales. Sin menospreciar las radiaciones naturales del Sol, ultravioletas y no despreciemos los rayos cósmicos en su mayoría desactivados por la atmósfera, pero al que le toque una de esos va listo. También las radiaciones de ciertos minerales como el uranio y el berilio, curioso material capaz de producir antimateria por si solo. Aunque en este sentido lo mas peligroso es el granito y el gas radón, presente en muchas zonas afectadas por canceres.
Solo hemos cambiado unos enemigos por otros, quizás peores.
Pero el mal también esta en nosotros mismos, genes defectuosos, fatiga y envejecimiento de las células. Una continua e inexorable marcha hacía la mas funesta entropia.
¿Como preservaremos la paz y tranquilidad de espíritu en esta guerra infernal e interminable, cuyo único sentido es devorar y ser devorado?
Jesus, si tu descubres cómo, te harás el hombre más famoso del mundo.
ResponderEliminarRecuerdo haber oído cuando era pequeña de varías personas que sufrían de una alergia total al siglo XX
¡Buenos días sabatinos por la mañana, Don Jesús!
ResponderEliminarEn lo que a mi respecta tendrá usted que buscar en internet, no tengo ni idea de dón de está eso.
Pues veo que estoy menos expuesto a los peligros que usted; no tengo televisión, no tengo wifis (tampoco sé lo que es) no tengo microondas y no tengo reloj. Eso sí, me meto sobredosis de radio, en casa y en la furgoneta.
Pues yo tengo alergia a la pobreza y no hay forma de curarne.
¡Abrazos!
TE entiendo, pero no nos pasemos. Nunca vivió tanta gente en el mundo. Y no hay leones por la calle ni tigres dientes de sable. Otra cosa es que la vida animal es absurda, y nosotros formamos parte de ella: es una escala trófica donde unos se comen a otros. Y siempre acaba mal, porque cuanto empiezas a acostumbrarte, la palmas.
ResponderEliminarpd.- Siempre se me olvida decirte que el fondo negro con letras blancas es muy elegante pero muy difícil de leer para mucha gente, entre los que me incluyo. Está bien cuando hay poco que leer, pero no es el caso. Espero que no te molestes por la apreciación.