jueves, 6 de septiembre de 2007

Dios y la Madre Teresa


Unas cartas de la Madre Teresa dirigidas a su director espiritual poco antes de su muerte, revelan que había perdido la fe, que no creía en Dios. Era atea.

Parece que es una crisis que se da en muchos cristianos y está muy estudiada en teología. No es de extrañar que una mujer en sus circustancias haya perdido la fe, todo el horror que debería de haber visto durante su toda su vida, primero en la Europa en guerra y despues en Calcuta. Calculta no olvidemos que es el futuro, la India no es un país atrasado si no que nos lleva siglos de ventaja, así acabaremos todos.

La falta de fe, es la primera y principal prueba de la inexistencia de Dios, en que lógica cabe un Dios que se revela real a unos y a otros no. La Madre Teresa demuestra que no es que no es por falta de busqueda. Un Dios totalmente instrumentalizado, no olvidemos que el dios de los judios, el de los cristianos y el de los arabes, es el mismo. Todo el mundo lo reconoce, sin embargo eso no impide que se cometan toda clase de desmanes en su nombre. Y tampoco se puede decir que son los malos creyentes lo que los hacen, las jerarquias de las tres religiones son las primeras en oponerse a un econemismo, incluso entre sectas de la misma religión. Algo no va bien.

Que la Madre Teresa fuera atea, no es desmerito de ella, al contrario tiene mas valor. Es una verdara Santa. Una persona que a pesar de todo creía en la HUMANIDAD

6 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo con tu comentario final.
    Conozco personas que pasan por ese trance. Personas que han dedicado toda su vida a la religión y que ya entrados en la vejez tienen este tipo de crisis. Es muy duro para ellos, ¿sabes?
    Pero normalmente su bondad, los ideales a los que han dedicado su vida les permite seguir creyendo en hacer el bien.

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  2. Jesús, me parece muy precipitado tu comentario. La experiencia de la Madre Teresa de Calcuta es algo mucho más profundo, testimonio de su amor a Dios. Te pongo un artículo que lo explica muy bien.

    NOCHE OSCURA

    JUAN MANUEL DE PRADA, 3/9/07, ABC

    COINCIDIENDO con el décimo aniversario de su muerte, se publica un libro sobre la beata Teresa de Calcuta en el que se recogen hasta cuarenta cartas que la «Santa de los miserables» dirigió a personas de su máxima confianza, en las que da cuenta de sus dudas de fe, del «enorme vacío y oscuridad» al que con frecuencia se enfrentaba, en su búsqueda denodada de Dios. A la vista de tales cartas, la revista Time y, a su rebufo, gran parte de la prensa occidental se han lanzado orgiásticamente a glosar lo que, con expresión banal, han denominado una «pérdida de la fe». El tratamiento sensacionalista y esquemático que se ha hecho de las cartas de la beata revela la incomprensión, entreverada de regocijo soez, que nuestra época -o siquiera los voceros de nuestra época- muestra ante el fenómeno de la espiritualidad, empeñados en confirmar su hipótesis de que la fe religiosa es una mera fabricación humana. Naturalmente, tal hipótesis se sustenta sobre la presunción de que la fe es una posesión estólida, mostrenca, que sólo pueden mantener quienes adoptan una actitud pueril y acomodaticia ante la realidad de las cosas; y que tal fe, sometida a interpelación, se desmorona aparatosamente, como suele ocurrir con las quimeras.
    A esta visión tan pedestre de la fe no negaremos que haya contribuido cierta actitud camastrona de muchos creyentes que creen por inercia, como quien hereda de sus mayores una maula que no sabe dónde colocar y acaba arrumbándola en el desván de los cachivaches inservibles. Pero la verdadera fe es justamente lo contrario: es una posesión que el creyente arriesga cada día, que cada día somete a escrutinio e inquisición, que cada día le plantea dudas agónicas ante las que, lejos de arredrarse y encerrarse en una concha protectora, se expone hasta sudar sangre, como le ocurrió al mismo Cristo. Si existe una medida de la fe, es precisamente su capacidad para interpelarse a sí misma, su coraje para adentrarse en los pasadizos de esa noche oscura del alma de la que nos hablaba San Juan de la Cruz; y, en este sentido, podemos afirmar que la fe de Teresa de Calcuta era una fe grandiosa, curtida en la duda lancinante, dispuesta siempre a enfrentarse a la oscuridad: la fe de una verdadera santa.
    Es cierto que la fe es un don que viene de lo alto, una gracia que el hombre recibe gratuitamente, como los siervos de la parábola evangélica reciben los talentos de su señor. Pero quien cava un hoyo y esconde ese don bajo tierra, en su afán por no perderlo, es «un siervo malo y negligente»; sólo la fe que se expone, que no renuncia a enfrentarse con las tinieblas, permite al siervo «entrar en el gozo de su señor». Teresa de Calcuta fue beneficiada en el reparto de talentos; pero Quien se los entregó no quiso que los enterrase bajo tierra, quiso que los invirtiera en operaciones de alto riesgo. Teresa de Calcuta tuvo que zambullir su fe en los océanos inabarcables del dolor humano, tuvo que ponerla a prueba cada día, hasta calcinarse, en el desempeño de una misión terrible, tuvo que apurar hasta las heces un cáliz que a buen seguro hubiese preferido dejar pasar. Pero la fe que había recibido se lo impidió; y comprendió que su fe sería puesta a prueba cada día, que su fe gritaría desgarradamente cada día, caminando junto a esos «pequeñuelos» sufrientes de los que nos habla el Evangelio, que son la verdadera efigie de Dios. ¿Qué creyente, ante la contemplación de tanta penalidad como la que Teresa de Calcuta contempló en vida, no habría dirigido un grito desgarrador hacia lo alto? ¿Qué creyente que haya caminado al lado del dolor humano, que se haya fundido con ese dolor, no siente, como Teresa de Calcuta, «contradicción en su alma»? ¿Acaso no la sintió el propio Jesús en Getsemaní, cuando se aproximaba su Pasión? La existencia de Teresa de Calcuta fue una pasión constante; sólo la fuerza sobrenatural de la fe explica que no desfalleciera. Pero era humana; y, como humana que era, su corazón temblaba de horror ante la vastedad de la entrega que se le exigía. Ese temblor atormentado y feroz, humanísimo, es la expresión más hermosa de su fe. Esas cartas no nos hablan de una pérdida de la fe; nos hablan del temple de esa fe.

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  3. Precismante, no puede haber fe para unos y para otros no.Sería anticristiano. Por no decir el caso musulman que la fe es obligatoria bajo pena de muerte.

    Jesus

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  4. jueves 6 de septiembre de 2007
    GALARDÓN

    He recibido con enorme satisfacción y orgullo el siguiente galardón de manos de Jesús, mi compi de proyectos y locuras varias.
    Tengo el gusto y el honor de concederte este premio

    ¿cual es la recompensa?
    ¿esperas algún "favor" de Teresa?

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  5. Esta noticia la leí el otro día, y lo curioso del caso es que son unos comentarios que se hacen para publicitar un libro sobre la Madre Teresa. Donde está la polémica estará la curiosidad y por lo tanto el libro se venderá.

    Pero me parece muy fuerte señalar a la Madre Teresa de Calcuta como atea. Que haya tenido sus dudas, es más que normal, ante todo era humana, también dice en los evangélios que Jesucristo fué tentado como humano, ¿se atreve nadie a decir que era ateo?.

    Por favor, si en la religión católica, todo se resume en QUIERE A TU PROJIMO COMO A TI MISMO, ¿no cumplió este precepto la Madre Teresa de Calcuta?. Creo que se le debe mucho más respeto que el que se le da.

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  6. Totalmente en desacuerdo con tus conclusiones, una vez que vio la guerra, el hambre, la enfermedad, la pobreza, etc dejo de creer.

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