La saturaración de automóviles ha llegado a su tope y la cultura del coche a su fin.
Que decir de un aparato que cuesta un dineral pero que al salir de la tienda ya vale solo la mitad, ¿Quién se ha quedado con el resto? Si esto no es una estafa que baje Garzón y lo juzgue. Y si el latrocinio acabara ahí, la administración se ceba en el automóvil y derivados para hacer imposible la vida del chofeur. Un adminículo oneroso que ya ni siquiera sirve para llevarnos al trabajo, los atascos, la falta de aparcamiento y el prohibitivo precio del combustible inasequible para los salarios medios con hipoteca incluida, han hecho perder atractivo a la chatarra con ruedas.
El que fuera máximo representante del estatus social se ha convertido, mor de la muerte y mutilación de millones de personas, y el asesinato y explotación de muchos millones más a causa de las guerras del petróleo. El coche se ha convertido en algo repugnante a los ojos de las personas de bien. Desgraciadamente todavía le queda mucha vida, ya que en ocasiones es una herramienta imprescindible en muchos trabajos. Pero el poseedor de un coche es poco menos que un criminal.
Por si esto fuera poco, la necesidad imperiosa de eliminar los combustibles fosiles va hacer necesario prohibir la circulación de vehículos térmicos en unos cuantos años. Es inexplicable que a estas alturas del Protocolo de Kyoto todavía no se hayan prohibido los coches que consuman más de 3 litros a los 100 kilómetros, la irresponsabilidad y cobardía de los políticos presos de las grandes multinacionales del automóvil y el petróleo es pasmante. Tanto que por cada mes que tarden en actuar se suman los muertos. Después vendrán las denuncias por negligencia como paso en el caso de la sangre infectada de SIDA en Francia. Quizás cuenten que no quedarán jueces., pero si la memoria de los supervivientes.


